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De unos treinta centímetros, con agujeros iguales y equidistantes y rematadas con una pieza de metal. Así sería, según el gran Mario Gros, la dulzaina primigenia, la madre de todos los instrumentos que hoy conocemos como tal en diferentes regiones. Y la excusa para que cada dos años los amantes de su sonido, su historia y, sobre todo, los que se preocupan por su presencia y su futuro se reúnan en uno de los festivales de música tradicional más especiales y carismáticos. mario gros

La culpa de que así sea la tienen los responsables de organizar el Aires de Dulzaina (La Atalaya) y todos los colaboradores, asociaciones, colectivos y vecinos de San Esteban de Gormaz que, como una máquina de perfecto engranaje, consiguen que, durante tres días, devotos y profanos aprendan, disfruten y celebren la oportunidad de ser parte de algo que cada dos años es más grande.

Una vez cumplido con el rito de devolver todos los abrazos atrasados que se habían acumulado desde el anterior festival (dos años se nos hacen muy largos), conviene abrir los ojos y los oídos y, sobre todo, los brazos al programa del Aires y la gente que lo hacen posible.

La lección inaugural corrió a cargo de Mario Gros, un músico e investigador imprescindible, que te después de escucharlo te ha creado la obligación constante de reflexionar y mirar con espíritu crítico y amplitud de vista cualquier tema al que se refiera. teatro aires dulzaina

El día central del festival es una sobredosis de sorpresas y de calidad humana y artística, desde el pasacalles matutino, hasta el concierto central que te conecta directamente con el día siguiente.

34 grupos de Cantabria, País Vasco, Navarra, Cataluña, Madrid, La Rioja, Castilla y León, Valencia y Castilla La Mancha compartieron recorrido y escenario abierto, aunque el momento más emotivo de la mañana estuvo firmado por los pequeños de la Escuela de Dulzaina de Macotera. ¡Hay futuro!escuela macotera

Tras una sobremesa de cerca de 1000 comensales, sobrevivimos al Cerco de Numancia, de mano de Pipirijaina-Teatro Tizona (¡Qué grande es Jose!) con la música de los Jóvenes Dulzaineros Sorianos, los Gaiteros de Logroño, Clau de Mar, y una dosis de catarsis colectiva gracias a los Tambores de Teruel.

La noche, cañera y canalla, fue para Jabardeus y los eclécticos y viajeros Pan de Capazo y para el baile clandestino de los mismos de siempre que se reúnen delante de cualquier barra de bar a conjurar al paso del tiempo antes de cambiar la hora. pan de capazo

La sesión vermú del domingo es de gran gala. De nuevo los Tambores de Teruel atronando a San Esteban. Te golpean tan adentro que parece que te están poniendo en hora las entrañas.

tambores TeruelEl grupo de Danzas Burgalesas Justo del Río volvió a dar una muestra de su cuidado trabajo y la Asociación Tierra Quemada recordó para todos el aniversario de Numancia y su mensaje de dignigad y valor.

Despedida y cierre con la sonrisa inteligente de los Titiriteros de Binéfar y los herederos de todo este tinglado disfrutando de lo lindo de su espectáculo. Insistimos, ¡Hay futuro! titiriteros binefar